UNIVERSIDAD PÚBLICA

CUANDO LA LUCHA SE TRANSFORMA EN CAPUCHA

Publicado en estudiantes por jgtejeda en agosto 13, 2011

Arrasa últimamente la capucha, tanto entre los carabineros como entre los jóvenes. Cuando uno se va a comprar un polerón o una casaca resulta que viene ya con su capucha. Un encapuchado como corresponde necesita además un pañuelo o bufanda y un traje de saltamontes incluyendo zapatillas, un set de piedras, un fierro o garrote, lo que venga, todo en colores oscuros.

Uno ve aquellas agilidades anónimas moviéndose ante las fogatas, las luces de los semáforos, el ulular de ambulancias o carros de bomberos, con el aporte activo de los carabineros en su vertientes ninja, a caballo, en guanaco o en carro blindado.

Las capuchines pululan en la periferia de las marchas estudiantiles. Pueden ser elementos desgajados de ellas, o supositorios traseros o vaya uno a saber qué, por algo se cubren el rostro aunque busquen llenar la pantalla televisiva. Los carabineros encapuchados, en cambio, y según el piloso subsecretario Ubilla, están siendo afectados por procesos de “mimetización”.

El animalito humano que palpita bajo de la capucha pertenece a menudo a un segmento que ha recibido de la sociedad sólo desprecios. Nuestro sistema económico le ha dado educación chatarra, consultorios deprimentes, áreas de la ciudad sin prestancia alguna, sueldos de hambre, carabineros coléricos, deudas usuarias.

Pero eso es una cosa y otra es que anden por ahí esos niños arrancando de cuajo los postes de señalética urbana, quebrando los semáforos, incendiando autos y locales y apedreando cosas. Mientras algunos estudiantes se encapuchan, otros increpan a los encapuchados.

Las protestas abren las grandes alamedas de la esperanza nacional y al mismo tiempo encienden a su paso un reality de pequeñas dictaduras artesanales. Ignoran quizá los aguerridos muchachos que las dictaduras dispersas de los vándalos alimentan a las dictaduras de verdad. Una violencia llama a la otra, es la condición orgánica de la fuerza liberada a su antojo.

Los chilenos, que hemos sido tan nerds, tan pacientes para pagar, para tragar, para bancarnos un sistema asqueroso, sentimos que se nos encienden las pupilas ante la insumisión salvaje. Sin embargo las mejores causas se enlodan cuando la lucha se transforma en capucha. Es como cuando uno se pone a comer mucho chocolate y a tomar demasiada cerveza, que el placer se revierte.

La capucha, el no dar la cara, es una respuesta silvestre a los encapuchados binominales que designaron a Carlitos Larraín y Ena von Baer para esa cosa remota que es el senado. Los capuchazos del lucro, de la inequidad, de la humillación, se entremezclan con los movedizos encapuchados de los autos incendiados. Entre todos nos hunden en la confusión y nos ensucian el futuro. (hoy en LUN)

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